Hay poemas
que se escriben solos.
Provienen del silencio, desde el que nacen,
y crecen en tamaño como los arroyos
que se ensanchan hasta hacerse ríos.
Hay poemas que son invocaciones,
llamadas telefónicas no realizadas,
conversaciones no mantenidas,
enumeración de deseos,
construcción de emociones.
El deseo no cambia nada,
pero edifica la senda,
abre el camino,
de la emoción almacenada.
Hay poemas
que sirven
para llenar tanta ausencia de tí,
para reordenar las ideas,
y buscar salidas
a los complejos laberintos
en los que habita el alma.
Hay poemas que lo dicen todo,
hay palabras que no significan nada.
El verbo que se eleva a sí mismo
al filo de la medianoche,
llega más alto
si no exige demasiado.
Hay poemas
que se escriben
y uno los guarda.
Este nació del silencio
para expresar la alegría
que supone
el recuerdo de tu sonrisa
y su corolario.
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