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Me giro y te veo

Me giro y te veo. Vienes vistiendo la mejor de tus sonrisas. En tus ojos hay un resplandor de palabras no dichas, en los míos una sed que va cumpliendo años cada primavera. Las nieves del tiempo no desgastaron tus campos. Hay flores que brillan en tus praderas, huéspedes   de este invierno que se niega a ser. Acaricio tus rosas de terciopelo templado, en el jardín que ya no es ajeno. Descifro la clave última y un universo nuevo se va construyendo a cada paso.

Los poetas, las poetisas no necesitan

Los poetas, las poetisas  no necesitan de la aprobación ajena, de la aceptación de las masas.  Están al margen de la reprobación  de seres que se erigen en jueces supremos. Están al margen del ostracismo pues su abrigo está en sus propias palabras.

Sin renunciar a los sueños

Nunca renunciaremos ni al más recóndito de nuestros sueños, aunque la vida se convierta por momentos: En un jardín en el que crecen los rosales, y en cada rosa, se agranden las espinas, en un lugar donde se agresten los zarzales, y de cada matorral nazcan pequeñas hierbas venenosas. No suplicaremos a la luz del alba detenerse en su brillo, ni pretenderemos que la luna continúe en el mismo punto de su órbita durante toda la noche. Habrá momentos en que deberemos aparcar nuestros anhelos, pero ellos volverán intensamente a invitarnos a retomar el más recóndito de nuestro sueños, con la esperanza y la fé intactas.

Esta noche te traigo

Esta noche te traigo versos. Versos cálidos, versos que no luchan contra lo inmutable, versos que se enfocan sobre el momento presente, en que la música llena el silencio de estancias calladas, en la que la única voz es la de uno mismo. Versos para enfrentar la vida con perspectiva, dispuestos a seguir en la estrofa, levantando edificios de versos que dejen a un lado la desidia y el olvido. Te traigo un manojo de palabras, un racimo de deseos, que se conjuguen con la semilla del acto, que arranquen desde el manantial sonoro de la madrugada y se cuelen como un viento de primavera por la reja de tu ventana oficiando de mensajeros..  

Aprendiz del amor

Para un amigo cordobés, de uno que sigue siendo aprendiz de amor Como rito iniciático, como si fuera un recién llegado a la gran metrópoli, con su maleta recién estrenada, así es el aprendiz de amor. Dice saber del contacto físico de dos cuerpos, de la superficie que separa los amantes que están a punto de besarse y unirse en un abrazo, síntesis de todas los aromas frutales. Dice conocer el  ars erotica,  de las variantes de los ciclos de la luna, haber leído sobre Afrodita, pero bien sabe que su miedo a perder el control le supera. Su hermetismo es un instinto de conservación, aderezado con un leve cinismo, ligeros tonos de despotismo, un patriarca venerable, una contradicción viviente, una inseguridad manifiesta. Mas el amor, querido amigo, se aprende cuando uno se abre, y deja que los ejércitos de sentimientos se nos claven como dagas, y brote el corazón para dar sentido a todos los actos posteriores, consecuencias irrevocables de una apu...

Crónica de la lentitud

"La velocidad es la forma de éxtasis que la revolución técnica ha brindado al hombre." Milan Kundera Lentitud,  una forma alternativa de recorrer el camino.  ¿Por qué apresurarse?  Mejor será abrazar el ritmo cadencioso de la quietud.  El silencio de la estancia.  La música de las canciones de Brassens.  Lentitud, mostrada en el cielo de la noche  cuando se descubre, al otro lado de la ventana,  que la luna es una naranja redonda  que dulce y tranquila duerme  cubierta con un manto azabache.  También, por extensión, aparece en las aguas de un río, en el sutil movimiento de los juncos en  la ribera,  en el batir de las olas del mar contra las rocas, en el juego de los niños en un jardín florido de primavera,  en el encanto de la sobremesa  cuando uno se rodea de aquéllos a los que ama.  El tierno y lento amor  nos agrada y conforta. 

El dulce ritmo de la soledad

¿Quién dijo que la soledad era esa isla triste y gris rodeada de un mar oscuro de quebrantos, y en cuyo interior hay un vacío, un abismo? Si la soledad tiene un dulce ritmo cuando uno se encuentra después de haberse perdido varias veces. El maravilloso sabor de conocerse a uno mismo, de haberse a uno mismo aceptado, de sentirse acompañado por la tranquilidad de no aspirar más que a fluir en el río cotidiano . Vivamos en el planeta inmediato de la incertidumbre donde todo es posible y, las cosas vienen, sin esperarlas. Wir leben das süße Rhythmus der Einsamkeit