Mira mis manos. Ya no portan anillos. Ya mi mente se liberó de las cadenas de los prejuicios de la moral dominante. Ahora soy yo el que decide cambiar. Cinco años de invierno y un verano que surge. Liberarme de inercias desgastantes, abrir nuevos espacios, y caminar rumbo hacia aquello que deseo, sin descuidar y sin dejar de cultivar, a los pequeños y maravillosos tesoros que tengo por los cuales me siento agradecido.
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