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Bailemos otra vez

Bailemos otra vez Sé que voy a esperarte pacientemente, contra toda prisa, contra todo pronóstico. Cuando la música de las noches solitarias suene con su asimétrica armonía, bailemos otra vez, juntos, separados, distantes, abrazados, unidos como si fuéramos un solo ser, contra la desesperanza, contra la tristeza, contra el tiempo que nos mantiene en compartimentos diferentes. Bailemos por el simple hecho de bailar, de conectarnos en la danza simbólica de notas que vuelan y convierten el aire en el fueguito vertiginoso que nos alumbra

Uno comprende

Salgo del edificio rumbo al supermercado en luminoso dia de otoño y una imagen me sobreviene: Un hombre con ropa deportiva lleva en brazos a un bebé de un año más o menos. La sintonía entre ambos es total y uno comprende en qué consisten los mecanismos del afecto ajeno. Ese vínculo que se establece, piel con piel, alma con alma, enlazadas, se vuelve insustituible, se vuelve innegociable, y entonces uno sonríe al comprobar qué hermoso es ese amor, uno coloca el gesto serio al darse cuenta de cómo su pérdida o extravío nos puede sacar de quicio y de repente aparece la palabra hermano, la palabra piedad.

Sin prisa pero sin pausa

Sin prisa pero sin pausa... Verás, hoy hay noche de luz naranja y sobre el escritorio un papel en el que apunto todos los lugares a los que quisiera ir contigo. Me sobrevienen, de pronto, unas ganas locas de invitarte a los sitios, de contarte y que me cuentes si te gustaría este o aquel lugar, de pedir pronto que te envíen un ramo de flores, una postal en la que venga escrita una misiva: "Necesito verte. Esta vida se me hace eterna sin ti." Y sí. Tendré que inventar cauces nuevos por las que el río de mis más recónditas verdades se funda con tu río de limpias certezas.

Volveré al arbol

Una hoja casi verde, casi seca, es arrancada de un árbol, y ya casi verde, casi seca, sólo cambiará cuando se descomponga. Volveré al árbol otoñal cuando sea el invierno. De día ramas desnudas, apreciaré la anatomía vegetal, la autenticidad de la ausencia de máscaras, el frio despertar de los amaneceres donde el rocio y la nieve realizan su lento trabajo, ofician de embajadores. Volveré al árbol cuando sea la primavera y las calles castigadas reciban a las flores, y en los jardines urbanos crezcan rosas que el viandante corta para ofrecer como obsequio, souvenir de viajes no iniciados. El árbol se habrá vestido de hojas verdes y su manto y su sombra cobijarán a los paseantes. Volveré al árbol cuando sea verano y la ciudad sea un desierto de dudas y certezas, un propósito de enmienda mal calculado. Volveré al árbol al siguiente otoño y su dulce decadencia me abrigará con su desencanto

Los frutos de los días

Cada día recogemos el fruto maduro del árbol. Cada árbol, cada fruto nos ofrecen un color, un aroma, un sabor distintos. Cada día, cada árbol, cada fruto, cada color, cada aroma, cada sabor, son únicos e independientes y forman un casi-todo de nuestro casi-mundo de experiencias y aprendizajes. Son los frutos de los días y cada árbol posee un nombre propio.

En cada palabra que no digo

[Sin poemas. A partir de hoy, voy a amarte con silencios, provocando con ausencias e inventando distancias; (...) Mario Benedetti] En cada palabra que no digo, en cada silencio programado, en cada instante que se nos viene no calculado, hay un algo inconfundible que me lleva a ti. Por eso, no desisto de esta empresa, aunque haya que repensar el método de la difusión del mensaje. Es posible que el poema doblado, introducido en una botella, tirado al mar, vaya a dar con la arena de la orilla de tu isla.

Cartas a Josefine (y III)

Querida Josefine: La vida es más sencilla desde que lo acepto, desde que me acepto. Ya no tengo que demostrar nada, ya no tengo que salir en defensa propia o ajena. Estos versos que te escribo nacen desde la calma. Este amor pausado, profundo y meditado combina con los colores de este otoño de hojas secas junto a los bancos. Se mantiene firme a cada día, es un guiso a fuego lento, una llamada que no es urgente. Hay una cierta paz a mi alrededor pues sabemos que en este otoño, preludio del invierno, el amor vence ante las contrariedades.